martes, 3 de enero de 2012

Aggie

Esta es una traducción más para una historia un poco larga, pero bastante extraña... espero que les guste.


Los niños son criaturas fascinantes. No puedo dejar de maravillarme de la manera en la que actúan y piensan. Sus mentes pueden ser moldeadas muy fácilmente, sin ningún esfuerzo, como la plastilina más suave en la más fuerte de las manos. Me preocupa nunca llegar a entender a esta niña, es decir, cómo pensaba.

Estas cosas pasaban por mi mente mientras examinaba la habitación levemente iluminada. Las puertas y ventanas estaban clausuradas con esa cinta amarilla que usan en las escenas de un crimen, el pegajoso desastre en el suelo estaba siendo analizado por el equipo forense.

El sitio que tenía enfrente era espeluznante, lo que alguna vez fue una niña de ocho años yacía en el suelo. Uno no podría decir con exactitud qué era a primera vista. Su cabeza apenas estaba unida a la columna vertebral, colgando grotescamente hacia un lado, con el líquido escarlata coagulado debido al paso del tiempo. Un ojo estaba fuera del cráneo, perdido unos metros más allá. Había un hueco donde antes estaba su estómago, como si hubiera sido arrancado a mordiscos por una bestia, mientras que los órganos aparecían esparcidos a su alrededor. Unas horribles marcas de cortes adornaban sus pequeñas muñecas, manos y dedos, llenos de costras de sangre. Claramente, alguien o algo la quería muerta. Sus padres y su abuela estaban en condiciones similares, dispersos por toda la sala.

El lugar era un verdadero baño de sangre. Me hizo volver el estómago. Evidentemente hubo una lucha. Juguetes, muñecas, títeres, revistas, vidrios rotos y ladrillos habían sido arrojados sobre el macabro espectáculo. La sala parecía combustible para pesadillas.Quedé enmudecido por el olor a sangre y entrañas. Aparentemente tenían tres días de muertos, aquello era demasiado para mí.

Un tanto mareado, me di la vuelta y me alejé de la escena. Quizá en alguna otra parte de la casa encontrara algo aún más vomitivo. Una vez que pasó el malestar me sorprendí a mi mismo subiendo las escaleras, hacía lo que parecía el cuarto de una niña. Ahí no había señal de lucha, todo estaba en su lugar… excepto por una cosa: Un cuaderno.

Era un cuaderno escolar común y corriente, tirado en el suelo. Lo levanté lentamente, dándole vuelta en mi mano. Estuve a punto de entrar en estado de shock. Estaba cubierto por letras sanguinolientas, extraños símbolos y signos. Había una cara dibujada sobre el papel, prácticamente en cada una de las páginas. Era una cara torcida, parercía estar cosida. Los ojos estaban rellenos con pequeñas líneas a través de ellos, como si fueran botones. Me parecía familiar, pero era incapaz de recordar por qué. Un pequeño pedazo de papel cayó de entre las páginas. Me agaché para recogerlo.

“No temas, mi niño, yo alejaré a los espíritus,
Te mantendré a salvo durante la noche, seré tu amiga todos los días,
Cuando se trata de amistades, tengo muy pocas,
Así que no me dejes, querida, o mi corazón se partirá en dos.”

Aquello no se veía bien. Le dí la vuelta al papel y leí el reverso:

“Muñecas Preocupadas de Madame Zoh
Tus amigas hasta el final.”

¡Qué extraño! Me puse a hojear el cuaderno de nuevo, esta vez desde el principio. Parecía un diario normal, había descrpciones de sus amigas de la escuela, discusiones con sus padres, pero una cosa llamó mi atención:

“Mi abuelita me regaló una muñeca en mi cumpleaños. Es bonita, pero me da miedo. Mami me dijo que no podía regalarla. Creo que no la quiero…”

Un par de días después había una entrada similar:

“Guardé la muñeca que me regaló mi abuelita en un cajón. No me gustan sus ojos, me ve enla noche… me asusta mucho."

Había muchas más como esa.

“La muñeca me sigue a donde voy. Su cabeza da vueltas. Ninguno de mis muñecos había cobrado vida antes… es raro, pero no está mal.”

“Llamé a mi muñeca Aggie. No es tan mala. Ella me dijo hoy que vamos a ser buenas amigas.”

“A Aggie no le gusta mi mamá, ni mi papá, ni mi abuelita. No sé por qué. Creo que es porque piensan que juego mucho con ella.”

Las entradas se volvían cada vez más perturbadoras mientras seguía leyendo.

“Aggie me hizo enojar mucho hoy. Dijo cosas muy feas sobre mi mamá. No se callaba y le arranqué un ojo. Eso no le gustó nada, pero me disculpé después…"

“Aggie es mi mejor amiga.”

“Adoro a Aggie.”

“Odio mis papás.”

“¡Ayuda!”

Después de la última entrada, no había nada más que garabatos y símbolos.

Un frío recorrió mi espalda. Sentí el ácido del vómito subiendo por mi garganta. Algo estaba terriblemente mal.

He estado en la habitación por horas sin haberme dado cuenta. Bajé precipitadamente por las escaleras tan rápido como pude. La casa estaba vacía: los investigadores ya no estaban ahí, lo único que quedaba eran charcos de sangre y el desorden sobre el piso. Los cuerpos ya habían sido retirados.

Eché una mirada alrededor de la sala, mis ojos se detenían sobre cualquier cosa que pudiera tener un significado.

“Ella se lo hizo a sí misma, ya sabes…”

Estuve a punto de cagarme encima con el sonido de una voz fantasmal de mujer. Sonaba como si estuviera frente a mí, vieja y ancestral. Miré a mi alrededor, buscando el origen de la voz y me detuve bruscamente en la muñeca que había visto antes. Le faltaba uno de sus ojos de botón.

No. –Me dije a mí mismo –No, no, no… es imposible. La voz regresó.

“Ella lo hizo sola.”

No había movimiento, pero el sonido venía de la muñeca. Me sentí como un loco por hacerlo, pero le pregunté: “¿Aggie?”

“Sí” Me respondió la voz, casi satisfecha de que le dirigiera la palabra.

Fue suficiente para mí, no pude soportarlo más, vomité. Esto se había salido por mucho de mi control.

“Oh, querido” me dijo, “pobrecillo… ven y siéntate aquí, no te sientes nada bien.”

“¿Qué demonios?” balbuceé, pidiendo a Dios que aquello fuera un sueño.

Sin embargo, pregunté: “¿Se lo hizo ella misma? ¿Qué fue lo que se hizo? ¿Quién?”

“Sí, la niña. Ella hizo todo esto, yo lo vi todo, mató a su familia, uno a la vez. La abuela fue la primera, ella usó sus pequeñas manitas.”

La cabeza de la muñeca colgaba de un lado a otro, como si alguien la moviera.

“Los cortó en pedacitos. Luego siguió ella, se arrancó un ojo, ya sabes… yo lo vi. Luego se abrió la garganta… la posesión es una cosa sorprendente… antes de que se diera cuenta, ya se había desgarrado las entrañas como un pescado… eso se ganó la pequeña perra.”

No podía creer lo que estaba sucediendo…  Me estaba hablando un maldito títere, una muñeca, un juguete; hablaba y se movía. Un terrible asesinato descrito como un juego, era algo horrible, pero a la vez seductor. Tenía que estar loco, sin duda. Me acerqué para escuchar mejor y para preguntarle:

“¿Por qué?” dije, mientras la confusión se reflejaba en mis cejas. La muñeca se limitó a sacudir la cabeza.
“Shhh… no hagas preguntas, todo estará bien.”

Una ráfaga de aire caliente llenó mi cabeza, mi mente se quedó repentinamente en blanco, mis párpados se sentían cansados y se cerraban, estaba perdiendo el control. Súbitamente, mis manos se levantaron en dirección a mi camisa, mis dedos arañaban mi propia carne. Dolía mucho, pero no quería parar.

“No cuentes mi secreto” me susurró Aggie, y lo único que hice fue asentir.

Mis uñas comenzaban a cavar en mi piel, la sangre comezó a aparecer a través de mi camisa. En segundos, mis dedos ya estaban incrustados en mi carne, los primeros dos nudillos se hundían cálidamente. Aquello dolía, muchísimo, estaba al rojo vivo…

“No” Intenté detenerme, pero era incapaz de controlar mis movimientos. “¡No!”

Mi carne cedía, los músculos se dividían. Ella me había atrapado… completamente, mientras sentía la presión de mis órganos contra los músculos y membranas. Era suficiente, pero no podía detenerme.


domingo, 30 de octubre de 2011

El experimento ruso del sueño

Un relato crudo y desgarrador, traído directamente desde los archivos de Inteligencia rusos:

Investigadores Rusos a finales de los 40´s mantuvieron a  5 personas despiertas por 15 días utilizando un gas estimulante.  Los tuvieron encerrados en un ambiente sellado con la finalidad de monitorear cuidadosamente su nivel de oxígeno para que el gas no los matara, ya que este solía ser tóxico en altas concentraciones. Esto ocurrió antes de que existiera el circuito cerrado, por lo que tuvieron que usar micrófonos y vidrios con grosor de 5 pulgadas para monitorearlos. El cuarto estaba lleno de libros, cobijas para dormir -pero ninguna cama-, agua corriente, baño y la suficiente cantidad de comida para que los 5 sobrevivieran por un mes.
Los sujetos de prueba eran prisioneros políticos y de guerra declarados enemigos del estado durante la Segunda Guerra Mundial.

Todo estuvo bien por los primeros 5 días. Los sujetos rara vez se quejaban después de que (falsamente) se les había prometido su libertad si aceptaban tomar parte de la prueba y no dormir por 30 días. Sus conversaciones y actividades fueron monitoreadas y los científicos notaron que conforme pasaba el tiempo, ellos hablaban cada vez más sobre experiencias traumáticas de su pasado.

Después de 5 días más se empezaron a quejar de las circunstancias y eventos que los llevaron a donde estaban y empezaron a demostrar paranoia severa. Dejaron de hablar entre ellos, y comenzaron a murmurar de manera alterna en los micrófonos. De manera extraña, todos parecían creer que podían ganar la confianza de sus captores si traicionaban a sus camaradas. En un principio se creyó que esto era un efecto del gas.

Pasados 9 días más, el primero de ellos empezó a gritar. Corría por todo el cuarto gritando repetidamente por 3 horas seguidas. Después, trato de continuar gritando, pero solo podía dar un grito ocasional. Los científicos postularon que se había destrozado las cuerdas vocales.  La parte más sorprendente de este comportamiento fue cómo sus compañeros reaccionaron a esto. O mejor dicho, cómo no reaccionaron… Continuaban murmurando en los micrófonos hasta que el segundo de los prisioneros comenzó a gritar. Dos de los prisioneros que no gritaban, tomaron los libros y llenaron página tras página de sus propias heces, y tranquilamente, los pegaron en las ventanas del cuarto. Los gritos cesaron de repente…  Al igual que los murmullos de los micrófonos.

Pasaron otros 3 días. Los investigadores checaban los micrófonos constantemente para asegurarse de que trabajaban, porque creían que era imposible no escuchar sonidos con 5 personas dentro. El consumo de oxigeno indicaba que los 5 debían seguir vivos. De hecho, el consumo de oxigeno era igual al que gastan 5 personas que hacen ejercicio extenuante.  En la mañana del decimocuarto día, los investigadores hicieron algo que no debían hacer: para llamar la atención de los prisioneros utilizaron el Interfón dentro del cuarto, esperando provocar respuestas de los cautivos, pues temían que estuviesen muertos o en estado vegetal.
Anunciaron: “Abriremos el cuarto para probar los micrófonos. Aléjense de las puertas y acuéstense con las manos atrás en el piso o se les disparara. Se le otorgará la libertad a uno de ustedes si obedecen”.
Para su sorpresa, escucharon sólo una frase, con voz queda: “No queremos ser liberados”.

Hubo gran debate entre los investigadores y fuerzas militares que financiaban el proyecto; sin poder provocar más respuestas utilizando el Interfón, finalmente se decidió abrir el cuarto a la media noche del día número 15.
Se retiró todo el gas del cuarto y se lleno de aire fresco. Inmediatamente, las voces de los micrófonos empezaron a objetar. Tres voces diferentes comenzaron a suplicar -como si rogaran por la vida de sus seres queridos- que encendieran el gas nuevamente. Se abrió el cuarto para sacar a los prisioneros. Gritaron más fuerte que nunca, al igual que los soldados, cuando vieron lo que había dentro: Cuatro de los sujetos seguían “vivos”.

Las raciones de comida de los últimos 5 días no habían sido tocadas. Había pedazos de carne de las costillas y pantorrillas del sujeto muerto colocados dentro del drenaje del centro del cuarto bloqueándolo, permitiendo que 4 pulgadas de agua se acumularan en el piso. Los cuatro “sobrevivientes” también tenían pedazos de piel y carne arrancada de sus propios cuerpos. La destrucción de tejidos y la exposición de huesos en la punta de sus dedos indicaban que las heridas fueron infligidas con las manos, y no con los dientes, como era de suponerse. Al examinarlos, se descubrió que la mayoría de las heridas fueron auto- infligidas en su mayoría.

Los órganos abdominales detrás de las costillas de los cuatro sujetos fueron removidos. Mientras que el corazón, los pulmones y el diafragma seguían en su lugar; la piel y la mayoría de los músculos pegados a las costillas fue arrancada, exponiendo los pulmones a través del esternón. El tracto digestivo de los cuatro sujetos podía verse trabajar, digiriendo comida. Rápidamente se hizo aparente estaban digiriendo su propia carne, misma que ellos arrancaron y comieron en el transcurso de los días.

La mayoría de los soldados en las instalaciones pertenecían a las Fuerzas Especiales Rusas, sin embargo, muchos se negaron a regresar al cuarto para sacar a los sujetos de prueba. Por su parte, estos últimos insistían a gritos que los dejaran dentro, y al mismo tiempo rogaban que se encendiera el gas nuevamente, para evitar quedarse dormidos.

Para sorpresa de todos, los sujetos opusieron una resistencia feroz durante la extracción. Un soldado ruso falleció cuando un sujeto le mordió el cuello y otro resultó gravemente herido cuando otro de los prisioneros le mordió la arteria femoral y los testículos. Cinco soldados más perdieron la vida, si se toman en cuenta a aquellos que se quitaron la vida durante las semanas siguientes al incidente.

Durante la lucha, uno de los prisioneros daño su bazo, desangrándose de manera casi inmediata. Se intento sedar al sujeto, pero fue imposible. Se le inyectó más de 10 veces de la dosis humana de morfina, y aún así lucho como un animal atrapado, rompiendo las costillas y el brazo de un doctor. Se veía latir su corazón al máximo por dos minutos completos, mientras se desangraba, y continuó gritando por más de 3 minutos, atacando a quien se le acercara, repitiendo la palabra “más”, cada vez más débil, hasta que quedó en silencio.

Los otros 3 sobrevivientes fueron inmovilizados fuertemente y llevados a las instalaciones médicas. Dos de ellos, con las cuerdas vocales intactas, demandaban continuamente más gas para permanecer despiertos.
El más herido de los tres fue llevado al único cuarto de cirugía que había en las instalaciones. En el proceso de su preparación para colocar nuevamente los órganos en su lugar, se notó que el sujeto era totalmente inmune a los sedantes. Peleó furiosamente cuando el gas anestésico se le estaba colocando. Se necesitó un poco más de anestesia de la normal para sedarlo, pero al momento que sus ojos se cerraron, su corazón se detuvo. Durante la autopsia, se encontró el triple de la cantidad normal de oxigeno en su sangre. También se rompieron 9 huesos en la lucha para evitar ser controlado.

El segundo sobreviviente, era el que primero gritó del grupo. Con sus cuerdas vocales destruidas, él no pudo objetar la cirugía, y sólo reaccionaba agitando violentamente la cabeza en desacuerdo cuando se le administraba el gas anestésico. Afirmó violentamente con la cabeza cuando alguien sugirió en hacer la cirugía sin anestesia, y no reaccionó durante la misma, que duró 6 horas. Se intentaron reemplazar sus órganos abdominales y cubrirlo con lo que quedaba de su piel. El cirujano afirmó que era médicamente posible mantener al sujeto con vida. Una enfermera aterrada que ayudó en la cirugía, comento que la boca del paciente formaba una sonrisa cada vez que sus ojos se encontraban.

Cuando la cirugía terminó, el sujeto miró al cirujano y empezó a emitir sonidos fuertes, como tratando de hablar. Asumiendo que esto era de gran importancia, el cirujano le entrego un papel y una pluma, para que el paciente pudiera comunicarse. “Sigue cortando” escribió…

Se le hizo la misma cirugía sin anestesia a los otros dos sujetos. Se les tuvo que inyectar un paralítico, pues ellos reían constantemente, y le era imposible realizar la operación al cirujano. Una vez paralizados, solo podían interactuar con sus ojos. En el momento en que pudieron hablar nuevamente, exigieron una vez más el gas estimulante. Los investigadores trataron de averiguar por qué se lastimaron de esa forma a sí mismos, y por qué querían el gas nuevamente.La única respuesta fue: “Debo permanecer despierto”.

Se aseguraron a los 3 sujetos y los devolvieron al cuarto, mientras se determinaba qué se debía hacer con ellos. Los investigadores, enfrentando la furia de sus “benefactores” militares, por haber fallado las metas del proyecto, consideraron dar eutanasia a los prisioneros. El comándate, un ex KGB vio potencial en el proyecto, y en su lugar decidió ver qué pasaría si ponían el gas nuevamente. Los científicos se negaron rotundamente, pero al final, tuvieron que aceptar bajo presión.

En la preparación para ser aislados nuevamente dentro del cuarto, los prisioneros fueron conectados a un monitor EEG. Para sorpresa de todos, los tres dejaron de pelear en el momento que se dieron cuenta que los regresarían al gas. En este punto, era obvio que los tres estaban haciendo un gran esfuerzo por mantenerse despiertos. Uno de los prisioneros, estaba murmurando una canción; el sujeto mudo peleaba con sus ataduras de cuero, primero a la derecha, luego a la izquierda, luego a la derecha de nuevo, como tratando de enfocarse en algo. 

El último sujeto mantenía su cabeza en la almohada y parpadeaba rápidamente. Siendo éste el primero al que se le puso el EEG, la mayoría de los investigadores monitoreaban sus ondas cerebrales con sorpresa. Eran normales la mayor parte del tiempo, algunas veces aparecía una línea recta de manera inexplicable. Parecía que repetidamente sufrían de muerte cerebral. Mientras analizaban los datos, una enfermera notó que los ojos del sujeto se cerraron. Sus ondas cerebrales cambiaron inmediatamente por las de sueño profundo, luego se pusieron rectas, y de manera simultánea, su corazón se detuvo.

El único sujeto que quedaba que podía hablar comenzó a gritar para que lo encerraran en ese momento. Sus ondas cerebrales mostraban las líneas rectas del sujeto que acababa de morir por quedarse dormido. El comandante dio la orden de sellar el cuarto con los dos prisioneros dentro, junto con 3 de los científicos. Uno de los 3, inmediatamente tomó un arma y abrió fuego contra el comandante, matándolo de un tiro entre los ojos. Después apunto al prisionero mudo, y le voló la cabeza.

Apuntó al prisionero que quedaba vivo, mientras que los demás investigadores escapaban del cuarto. “¡No me encerrarán con estas cosas! ¡No contigo!”, le gritaba al prisionero que estaba atado al camastro. “¿QUÉ ERES?” Demandó. “¡Necesito saberlo!” El prisionero sonrío.

“¿Te has olvidado tan fácilmente de mi?”, preguntó el prisionero. “Somos ustedes”. “Somos la locura que está encerrada en todos ustedes, rogando por ser liberada en cada momento de su vida, desde lo más profundo de su mente animal. Somos aquello de lo que te escondes en tu cama todas las noches. Somos lo que silencias y paralizas cuando te vas a tu refugio nocturno, donde no te podemos alcanzar”.

El investigador hizo una pausa. Apuntó al corazón del prisionero y disparó. El EEG mostró una línea recta mientras el sujeto débilmente murmuró: “¡Tan… cerca… de… ser… libre!


La mesera

Nota: Esta es la primera traducción propia de este blog, esperando que le sigan muchas más historias que hasta ahora sólo se encuentran en inglés. Disfruten.

Acabas de mudarte a tu nuevo departamento, en una gran ciudad. Después de un año de vivir así, casi has perdido la esperanza de hacer nuevos amigos, ya sea en el trabajo o en cualquier otro lugar. Te sientes muy solo. Después de buscar un lugar pacífico para pasar el rato, encuentras una tranquila cafetería a las afueras del pueblo. La mesera es muy atractiva. Además, parece ser la única empleada del local, la única desde que abrió. Nunca ves a nadie más comer allí. El lugar es perfecto para ti.

Hacerle el amor se convierte en una rutina. Vas allí a cenar cada noche para verla. Después de un tiempo logras hacer amigos, y comienzas a frecuentar la cafetería cada vez menos. Hasta que dejas de ir definitivamente.

Charlando con tu amigo en el bar, comentas lo divertido que era visitar a la mesera en la cafetería. Él opina que para creerlo debe verla con sus propios ojos. Lo llevas allí una noche, pero sólo encuentran un edificio en ruinas. Logran abrir la puerta con mucha dificultad. La suciedad de la cafetería es desagradable y detrás de la barra hay un cadáver mohoso, apestando a pus y podredumbre.

Cuando la policía llega a la escena, los interrogaron a ambos. Te quedas de piedra al escuchar que el cuerpo pertenece a una chica del estado vecino que escapó de su casa. La policía les informa que se trata de un homicidio, y que la chica fue violada un centenar de veces después de su muerte. El policía dice que deben extraer una muestra de ADN para descartarte como sospechoso. De repente estás realmente preocupado.


domingo, 23 de octubre de 2011

El Rastrillo (The Rake)

Durante el verano del 2003, una serie de eventos en el noreste de los Estados Unidos, que involucraban a una extraña criatura humanoide, despertaron el interés de medios locales antes de que se suscitara un abrupto 'apagón informativo'.

Muy poca información quedó intacta, pues la mayoría de los registros en línea y escritos acerca de la criatura fueron misteriosamente destruidos.

En el área rural de Nueva York, varios testigos contaron historias sobre una criatura de origen desconocido. Se presentó un amplio abanico de reacciones en los testigos; desde terror e inquietud a niveles traumáticos, hasta un sentido casi infantil de curiosidad y jugueteo. Si bien las versiones publicadas ya no existen, los recuerdos permanecen aún presentes. Muchos de los involucrados siguen buscando respuestas a lo ocurrido.

En 2006 se acumularon cerca de dos docenas de documentos a lo largo de cuatro continentes, con fechas entre el siglo XII y el presente año. En la mayoría de los casos, las historias fueron idénticas. He estado en contacto con un miembro de este grupo y he podido obtener pequeñas partes de un libro próximo a publicarse, llamado "The Rake (El Rastrillo)":


Nota de Suicidio: 1964.
"Mientras me preparo para tomar mi vida, siento necesario mitigar cualquier dolor o culpa que pueda provocar mediante este acto. No es culpa de nadie más que de Él. La primera vez, desperté y sentí su presencia. La segunda, desperté y lo vi. La tercera, desperté y escuché su voz, y vi sus ojos. No puedo dormir por miedo a lo que pueda pasar la próxima vez que lo encuentre. No puedo despertar jamás. Adiós."

Hallado en la misma caja de madera había dos sobres vacíos dirigidos a "William" y "Rose", y una carta personal sin sobre: "Querida Linnie, recé por ti. Dijo tu nombre."

Extracto de un diario (traducida al español): 1880
"Experimenté un gran terror. He experimentado el terror más grande. El más grande y terrible de todos. Veo sus ojos cada que cierro los míos. Son huecos. Negros. Me vieron y me perforaron. Su mano mojada. No dormiré. Su voz… (texto ininteligible).

El Diario de un Marinero: 1691
"Vino a mí en un sueño. Desde los pies de mi cama sentí una sensación. Se llevó todo. Debemos volver a Inglaterra. No debemos volver aquí por órdenes de El Rastrillo."

Transcripción del testimonio de una testigo: 2006
"Hace tres años, acababa de regresar de un viaje a las Cataratas del Niágara con mi familia por el 4 de julio. Estábamos exhaustos luego de conducir todo el día, así que mi esposo y yo pusimos a los niños en la cama y nos fuimos a dormir.

A las 4 am, me desperté pensando que mi esposo había ido al baño. Aproveché para jalar las sábanas, despertándolo en el proceso. Me disculpé y le dije que pensé que se había levantado de la cama. Cuando me vio, suspiró y retiró sus pies de la orilla de la cama tan rápido que su rodilla casi me tiró. Me agarró y no dijo nada.

Luego de ajustar mi vista a la oscuridad por medio segundo, fui capaz de distinguir qué causó la reacción. Al pie de la cama, sentado y viéndonos de lejos, había lo que pensé que era un hombre desnudo, o un gran perro sin pelo de algún tipo. Su posición era perturbadora y no natural, como si hubiese sido golpeado por un automóvil o algo así. Por alguna razón, no me dio miedo, pero me preocupó su condición. En este momento, estaba bajo la asunción de que debíamos ayudarlo.

Mi esposo estaba viendo sobre su brazo y la rodilla, doblado en posición fetal, ocasionalmente viéndome antes de seguir viendo a la criatura.



En un movimiento veloz, la criatura rodó al lado de la cama, y se arrastró rápido en una posición similar a la de un cojo a lo largo de la cama hasta que estuvo a poco menos de 30 cm. del rostro de mi esposo. La criatura estuvo silenciosa por 30 segundos, viendo solo a mi esposo. La criatura entonces puso una mano en su rodilla y corrió al pasillo, en dirección a los cuartos de los niños.

Grité y corrí para encender la luz, intentando detenerlo antes de que hiriera a mis hijos. Cuando llegué al pasillo, la luz del cuarto era suficiente como para verlo agachado y jorobado a unos 6 metros a la distancia. Volteó lentamente y me miró, cubierto de sangre. Encendí la luz y vi a mi hija, Clara.

La criatura corrió por las escaleras mientras mi esposo y yo corríamos para ayudar a nuestra hija. Estaba muy lastimada y habló por última vez en su corta vida. Dijo –Él es el Rastrillo.

Mi esposo chocó su auto esa noche, mientras intentaba llevar a nuestra hija al hospital. No sobrevivieron.

Como vivíamos en una ciudad pequeña, las noticias llegaron rápido. La policía ayudó un poco al principio, y el diario local tomó mucho interés en ello. Como sea, la historia jamás fue publicada, y la nota nunca tuvo seguimiento en las noticias locales.

Por varios meses, mi hijo Justin y yo nos quedamos en un hotel cercano a casa de mis padres. Después de que decidimos regresar a casa, comencé a buscar respuestas por mí misma.
Eventualmente encontré a un hombre en otra ciudad vecina que tuvo una historia similar. Entramos en contacto y comenzamos a hablar de lo ocurrido. Conocía a otras dos personas que habían visto a la criatura que ahora llamaremos El Rastrillo, en Nueva York.

Nos tomó a los cuatro casi dos años de buscar en internet y escribir cartas para obtener una pequeña colección de lo que creíamos que eran registros del Rastrillo. Ninguno dio detalles, historia o seguimiento. Una jornada involucraba a la criatura en sus primeras 3 páginas, y nunca mencionada de nuevo. El diario de un marinero no explicaba nada del encuentro, diciendo que el Rastrillo les ordenó largarse. Fue la última entrada del diario.

Había, como sea, varias instancias en que la visita de la criatura era una en una serie de visitas a la misma persona. Muchas personas mencionaron que el Rastrillo les habló, mi hija incluida en esos testigos. Esto nos llevó a preguntarnos si El Rastrillo nos había visitado anteriormente, antes del último encuentro.

Puse una grabadora digital cerca a mi cama y la dejé corriendo por toda la noche, cada noche, por dos semanas. Oía con interés los sonidos cada día que me despertaba. Para el final de la segunda semana, estaba acostumbrada al sonido usual del sueño mientras oía el audio a 8 veces la velocidad normal (esto me tomó cerca de una hora diaria).

El primer día oí algo diferente, era una voz aguda, estridente, era El Rastrillo. No estaba lo suficientemente claro como para transcribirlo. No había dejado que nadie lo oyera, todo lo que sé, es que lo oí antes, y ahora sé que habló cuando estaba sentado frente a mi esposo. No recuerdo haberlo oído en ese momento, pero por alguna razón, la voz en la grabadora inmediatamente me lleva de vuelta a ese momento. Los pensamientos que debieron pasar por la mente de mi hija me hicieron enojar.

No he visto al Rastrillo desde que arruinó mi vida, pero sé que ha estado en mi habitación mientras dormía. Sé y temo que un día despertaré para verlo allí de pie, viéndome fijamente."


sábado, 23 de julio de 2011

El Gato sin Ojos

“Escribo porque no tengo nada mejor que hacer, porque necesito que sepan la verdad y porque es lo único que él me deja hacer. Lo que ocurrió es tan bizarro, paranormal e ilógico que no podría imaginar que mucha gente crea lo que estoy por contar:

Soy un escritor de una editorial muy exigente, justo había terminado una buen libro de auto superación, pero tenía errores y me habían obligado a corregirlos para entregarlo de nuevo una semana después. Siempre fui un amante de los animales y no estoy en mi ciudad natal, vine porque en esta ciudad está el plantel principal de la editorial. Sólo estoy de viaje y vengo de lejos, estoy en un pequeño departamento sin compañía y no pude traer mis mascotas a lo largo del trayecto.

Iba directo a una tienda de mascotas para conseguir un compañero temporal, y no sentirme solo mientras estaba encerrado arreglando los pequeños errores del libro. Camino hacia el lugar me tope con un gato, no tenia ojos, extrañamente no me dio miedo, incluso me dio lastima, así que decidí tomarlo. Justo ahora me arrepiento de haberlo hecho.

Lo lleve a revisar a con un veterinario para ver que no tuviera algo grave, solo tenia una pequeña infección en la pierna, pero apenas estaba emergiendo, así que fue fácil erradicarla. En la sala del veterinario era fácil notar que yo era el único al que no le daba asco la situación del gato, nunca le puse nombre, tanto por qué no me dio tiempo como que todavía no me quería encariñar tanto con él.

Una vez en casa, lo dejé que jugara libre por el apartamento. A pesar de estar ciego parecía saber exactamente donde estaba y cómo moverse por el lugar, no me pareció extraño, solo pensaba en lo prepotente que se ha de sentir el pobre animal. Mientras él jugaba, yo comencé a corregir los primeros errores del libro en mi laptop. Inmediatamente me fui a dormir, todo normal, fue a la mañana siguiente cuando todo comenzó.

Créanme o no, cuando desperté mirando al techo, había sobre mí un hombre viéndome a los ojos, parado a un lado de mi cama, o eso creía que hacía, pues ese hombre no tenia ojos con que verme, solo veía un par de cuencas vacías, grité como cualquier persona normal lo haría. Estaba paralizado, y el hombre se dejó caer al piso para andar a cuatro patas, se acurrucó en una esquina, sacó de su bolsa una libreta con una pluma y comenzó a escribir.

Cuando por fin tuve la fuerza de levantar la cabeza, el hombre no reaccionó, poco a poco me levante, aprovechando lo concentrado que estaba él en su libreta, me acerqué a la puerta y la intente abrir, tenía algo abajo que lo atoraba, intente sacarlo, cada vez con más desesperación y sin ningún efecto positivo. Me acerqué a la ventana, estaba tapizada de mucho papel de libreta, era la base en la que había comenzado a escribir mi libro, apenas pocos rayos de luz entraban, lo suficiente para iluminar la habitación, intente quitarlos pero parecían estar perfectamente aferrados a la ventana, la golpeé sin un buen resultado.

Volteé y desde su esquina el hombre me estaba observando fijamente, con la fuerte oscuridad interna de sus ojos, con mucho miedo y temblando demasiado me esforcé en preguntarle: “¿quien eres?, ¿qué quieres de mi?” Sólo recibí un fuerte maullido a cambio, me hizo pensar un poco y busqué un poco en el cuarto, aun temblando y con su mirada inexistente, fija y penetrante encima de mí, no veía al gato ciego en ningún lado, entonces lo noté, aquello que tanto me observaba era mi gato.

Al notar que me había dado cuenta de lo que ocurría, el se me acercó, yo desesperado intentaba alejarme de él en vano, y se arrulló conmigo ronroneando, a estas alturas yo estaba a punto de llorar. Cuando vi que se durmió, intenté pensar alguna solución, pero en ese momento no pude hacer nada, pues si me movía seguro el se despertaría, sin saber cómo ni por qué, caí dormido.

Desperté y el estaba de nuevo en su esquina escribiendo en su pequeña libreta, esta vez volteando hacia mi varias veces para luego continuar escribiendo en su libreta, me levante, esta vez con más confianza porque note que él no planeaba hacerme daño. Me dio hambre y entonces volvió el pánico de nuevo, estaba encerrado en mi propia habitación, no podía salir a la cocina, no tenia que comer. Mientras pensaba esto escuché un pequeño crujido, era el estomago del gato, los dos volteamos al mismo punto, su barriga, luego el me volteó a ver a mí, sin nada que hacer, y yo con los nervios de punta por su mirada oscura tan penetrante le dije un poco tartamudo: “no puedo salir a la cocina, sólo si me dejas salir podremos comer” al oír esto me observó por dos segundos más y volvió a su libreta. Pensé y busqué soluciones, no había ninguna, estaba y sigo encerrado aquí, con él.

Solo pude pensar en una cosa, en un solo plan: que me rescataran, en menos de una semana la editorial notara que no aparecí, intentaran contactarme, no responderé, hablaran a la policía e irrumpirán aquí, si el gato pudo volverse humano, o humanoide, o lo que quiera que sea eso, podrá volver a lo que antes fue, entonces parecerá que simplemente me encerré yo solo aquí, y el gato saldrá inocente y atrapara a alguien mas, en este momento comienzo a escribir esto, para que cuando entren aquí y me vean muerto de hambre, lean esto y se encarguen del maldito gato.


Han pasado tres días desde la última vez que escribí, muero de hambre y parece ser que él también, pero no hace nada, sigue escribiendo, sigue observándome, pareciera que me analiza, soy su experimento, soy su muñeco de prueba, ¿Qué quiere de mi?, ¿por qué hace esto?, ¿no fui al único al que se lo ha hecho? Quiero salir de aquí, quiero que ese gato se aleje de mí, no le puedo hacer nada, no cambiaría nada, seguiré atrapado aquí si lo mato, debo seguir su juego, terminar su prueba, quizás así me deje salir, quizás así quede en libertad, solo debo esperar, dejarlo a él terminar, no preocuparme y seguir tranquilo, estoy al borde de la locura, ayuda por favor, AYUDA, AYUDENME, NO QUIERO SEGUIR AQUÍ, AYUDA!”


Texto encontrado junto a un cuerpo dentro del departamento, el cuerpo se encontró en la cama, sobre él un gato negro y sin ojos, al cuerpo le faltaban partes de su piel, debajo de las manos habían restos de carne, los policías antes de leer esto creían que el estrés había llevado al escritor al borde de la locura, para encerrarse él solo y alimentar a su gato y a el mismo con su propia carne. El diario encontrado a un lado del cadáver dio a entender otra cosa, en cuanto los policías entraron al cuarto el gato volteó y los miró con la profunda oscuridad de sus cuencas vacías, miró fijo a uno de los policías allí presentes y el único al que el pánico no poseyó, tomó al gato entre sus brazos mientras registraban el lugar. Al irse todos, y antes de que nadie leyera aún el diario, ese policía se fue directo a su casa con el felino y desde hace 4 días no se tienen noticias de él ni de su familia.



sábado, 16 de julio de 2011

Querido Santa

"Querido Santa,

Soy Sara y  tengo nueve años ahora.

Gracias por la bicicleta que me diste el año pasado. Me dio muchos momentos de alegría. ¿Cómo has estado? Espero que te hayan gustado las galletas que te cocine el año pasado, mi mamá me ayudo. Por favor, dile a la Señora Claus que me gustó mucho el delantal que me envió. Es igual al de mi mamá.

Me encantaría una casa de Barbie y un coche y un patín del diablo. Jen tienen un patín del diablo pero nunca me deja montarme en el. Me gusta mi bicicleta, pero no podemos conducir bicicletas en las aceras del parque. Pienso que es una gran bicicleta.

Tengo que pedirte un favor. ¿Podrías llevarte la muñeca que me trajiste el año pasado? Me gustaba muchísimo al principio, porque ella es muy linda, pero creo que yo no le agrado. Me observa durante toda la noche y eso no me gusta. Si yo no juego con ella primero, enloquece. No quiero que ella enloquezca. Hizo que me gato Ángel escapara cuando enloqueció. Espero que no te molestes. Si de casualidad tienen otra muñeca, quizás podamos intercambiarlas.

Por favor, no le digas que te pregunte.

Sara"


El Último Golpe

Es de noche y te encuentras en tu cama, intentando conciliar el sueño. La televisión está encendida, pero le has puesto el volumen más bajo con el fin de no despertar a tus padres, la parpadeante luz del aparato topa en algunos lugares de la habitación, cambiando las sombras que se encuentran a tu alrededor y llenando tu mente de escalofriantes pensamientos. Estúpidamente hace poco apagaste las luces, y el interruptor se encuentra del otro lado de la habitación.

Estás asustado mientras imágenes de demonios y fantasmales espectros atraviesan tu mente, tu corazón palpita como un martillo golpeando un yunque. ¿Por qué? ¿Por qué tuviste que leer todas esas historias de terror? Te reprimes a ti mismo por ser tan idiota, y te das vuelta, intentando dormir.

Entonces sucedió. Casi al mismo tiempo que cerraste los ojos. UN GOLPE, suena como si viniera del final del pasillo. Abres los ojos y te incorporas cautelosamente. Probablemente tu hermano se cayó de la cama o algo así. Te das la vuelta una vez más y cierras los ojos  otra vez. OTRO GOLPE. Esta vez sonó cerca. "Es mi hermano, o mi gato, o mis padres, o algo...”

GOLPE. Ese fue afuera de tu habitación. Te levantas y miras la puerta desafiante. La televisión sigue encendida. La puerta permanece cerrada.

Entonces, se te ocurre una gran idea. Agarras el control remoto de la televisión y subes todo el volumen. Empiezas a sentirte mejor al escuchar voces humanas entrando por tus orejas. Te vuelves a acostar y cierras los ojos. Entonces, te das cuenta de lo estúpido que has sido. Después, y sólo después te das cuenta.

¿Si el volumen esta al máximo, como vas a escuchar EL ÚLTIMO GOLPE?